18. sep., 2017

Encuentra tu centro.

La vista parece ser uno de los sentidos que más nos conecta con el mundo. Seguido de este encontramos el oído, siempre abierto, carente de exclusiones sonoras. Todo entra y es así, con estos sentidos bien despiertos, como funcionamos y nos movemos por el mundo todos nuestros días. Todos, hasta que sentimos que algo no va bien en nosotros.

Me despierto por la mañana porque escucho la melodía, a menudo estruendosa, que me hace votar de la cama. Me visto con la ropa que en esta década es "normal" ver por mis calles, escucho en el coche la música que mi generación ha decidido que es la más novedosa, mientras por las calles observo carteles con colores vivos que hacen que mi atención se dirija a ellos, así como en la televisión, son estímulos constantes lo que recibo para actuar o consumir, de cierta forma... Todo está afuera de nosotros, y esto está bien. Pero, ¿y dentro? ¿hay algo que me estimule o me invite desde fuera a mirar hacia adentro?

 

Son pocos los momentos que nos paramos en un día a escucharnos. Y ¿qué es esto de escucharnos? Es observar cómo me siento aquí y ahora. Esto que tanto oímos en la actualidad, pero que pocas veces nos paramos a ejercitar. Para llevar este ejercicio a cabo es necesaria una pausa en lo que estemos haciendo en ese momento. Una pausa que me ayuda a conectar con el presente, a parar la programación mental de las tareas que me quedan hoy. Y aquí me doy cuenta de cómo me siento de vital, de si el ritmo que llevo ahora es el que puedo llevar o por el contrario,¿ quizás vendría bien aflojar un poco? utiliza el autocuidado, chequéate y aquí respira. La respiración nos va a ayudar a encontrarnos con el momento presente. Y desde ahí desde una conciencia real de cómo estás, puedes decidir que ritmo es el que vendría bien para el resto del día. Un ritmo más adaptado a tu estado real, un ritmo más consciente.

 

Quizás en esta pausa surja algún recuerdo o pensamiento de aquello que fue difícil vivir o que alomejor ahora está costando de asimilar, sin juzgar y sin identificarte con eso, se observador de ello y observa tu cuerpo.¿ cómo se siente tu cuerpo con eso que estás viviendo? puede que te des cuenta de que alguna molestia física, de esas de las que, hasta te has acostumbrado tanto a ella, que  casi ni la sientes, ahora la notes como más evidente y puedas relacionar vivencias con dolores físicos. Se observador de todo esto.

 

Tú eres el que te das cuentas de las cosas. Respira y encuentra tu centro. Pon tu conciencia a tu columna vertebral, a tu eje y prolóngalo hacia el cielo. Tú creces desde niño en esa dirección, siente esa inercia de crecimiento prolongando tu eje. Siente tus pies en el  suelo o tu cadera anclada en el suelo, y prolonga también tu eje hacia el centro de la tierra, hasta donde se crea la fuerza de la gravedad que te hace ser consciente de tu peso, de tu relación con lo terrenal. Observa la dualidad de tu cuerpo, tu parte izquierda que podrías sentir como tu parte femenina, con tu instinto intuitivo, tu parte derecha, tu parte masculina, con energía del hacer. Ahora pon tu atención a tu parte de atrás tu espalada, tus antepasados y esa intención de crear vida que durante generaciones ha hecho que hoy tú puedas estar aquí y ahora. Observa tu parte anterior del cuerpo y con lo que va más allá hacia delante, tus hijos, proyectos, ilusiones por plasmar. Dentro de ti, fuera de ti y aquí plásmalo mentalmente como una esfera en la que entra en juego la relación, con el entorno, con la vida. Se observador de todo eso.

 

Observa las diferencias de tu conciencia y tu estado físico antes y después del ejercicio y decide tú, si has encontrado tu centro o no.

Yolanda Cortell, Terapeuta Biodinámica Craneosacral.